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Academia para Cuidadores
Una enfermera está en la casa unas horas por semana. Una hija, un esposo, una vecina cubre el resto — casi siempre sin entrenamiento y sin aviso.
Por eso escribimos las respuestas. Cada pregunta de abajo es una que las familias nos hacen de verdad, contestada como la contesta nuestra enfermera por teléfono. Léala a las dos de la mañana si es a esa hora que la necesita. No hay que registrarse ni pagar nada.
- 6 módulos
- 33 preguntas contestadas
- Unos 4 minutos cada uno
- Gratis y sin registro

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Cómo usar la Academia
Esto no se lee de principio a fin. Busque lo que le preocupa esta noche y lea eso.
Primero, las señales de alarma
Si solo va a leer una cosa de esta página, que sea la lista de abajo. Es la diferencia entre una llamada y una ambulancia, y toma dos minutos.
Abra el módulo que necesita
Cada pregunta está escrita para entenderse sola. Ninguna da por hecho que usted leyó la anterior, así que puede ir directo a la que le toca esta semana.
Llame cuando no cuadre
Estas respuestas describen el caso común. El suyo puede no serlo — y cuando lo que usted está viendo no cuadra con lo que leyó, ese es justo el momento de llamar.
Los seis módulos
- Recuperación en casa: las primeras dos semanas5 preguntas · 5 min de lectura
- Corazón, EPOC y diabetes en casa5 preguntas · 5 min de lectura
- Memoria, demencia y los días difíciles6 preguntas · 5 min de lectura
- Medicamentos, heridas e infecciones6 preguntas · 5 min de lectura
- Cuidar al que cuida5 preguntas · 4 min de lectura
- Salud en casa, Medicare y cuánto cuesta6 preguntas · 5 min de lectura
Antes que nada
Cuándo llamar — y a quién
Casi todo lo que asusta a una familia en la casa termina siendo manejable. Una lista corta no. Aprenda primero esta lista y péguela en el refrigerador, donde otra persona pueda encontrarla.

Llame al 911 ahora
No lo lleve usted manejando y no espere a ver si se le pasa.
- Dolor o presión en el pecho, o dolor que corre al brazo, al cuello o a la quijada
- De repente no puede hablar, se le cae un lado de la cara, o pierde fuerza de un solo lado — llame aunque se le quite
- Le falta el aire estando sentado y quieto, o los labios y las uñas se le ponen morados o grises
- Una caída con golpe en la cabeza, un hueso que se ve fuera de lugar, o alguien que no se puede levantar
- Sangrado que no para después de diez minutos de presión firme y sostenida
- Confusión que llega de golpe, una convulsión, o alguien a quien no logra despertar bien
Llámenos hoy mismo
Casi nunca se vuelven emergencia si alguien las revisa el mismo día.
- Fiebre de 100.4 °F o más, o escalofríos con temblor
- Tres libras de más de un día para otro, o cinco en una semana, o hinchazón nueva de tobillos y barriga
- Una herida que se pone roja, caliente, hinchada, con mal olor o que empieza a doler más
- Vómito o diarrea que no le deja retener líquidos por un día
- Una caída sin golpe — es el mejor aviso que va a recibir antes de la próxima
- Un medicamento nuevo que lo deja mareado, con mucho sueño o como si no fuera él
- Azúcar muy fuera del rango que le puso su médico
- Ocho horas sin orinar, u orina oscura, con sangre o que arde
Coméntelo en la próxima visita
Vale la pena decirlo, no vale la pena perder el sueño. Anótelo para que no se le olvide en la puerta.
- Duerme peor, ha perdido el apetito, lo ve decaído
- Un ejercicio que ya dejó de costarle — o uno que le duele
- Equipo que no le queda: un andador muy bajo, una silla de baño que se resbala
- Dudas del plan de cuidado, del horario de visitas o de los papeles
- Cualquier cosa que el cuidador esté aguantando en silencio. Eso también es parte del plan.
Esto es educación general, no un diagnóstico. Si algo se siente mal y no está en esta lista, llame igual — preferimos contestar la pregunta.
Las lecciones, módulo por módulo
Entre los seis cubren casi todo lo que las familias nos preguntan el primer mes en casa. Abra una pregunta para leer la respuesta.
Recuperación en casa: las primeras dos semanas
Es cuando más gente regresa al hospital, y casi siempre empieza por algo chiquito. Así se pasan.
5 preguntas · 5 min de lectura
¿Por qué son tan delicadas las primeras dos semanas después del hospital?
Porque todo cambia al mismo tiempo. Medicamentos nuevos, un cuerpo más débil que hace dos semanas y ninguna enfermera al final del pasillo. La mayoría de los regresos al hospital pasan en esta ventana y casi todos empiezan por algo chiquito: una dosis que se saltó, un día tomando poca agua, una caída camino al baño de noche. Estas dos semanas no se ganan haciendo más cosas. Se ganan haciendo bien las aburridas.
¿Qué hacemos el mismo día que llega a la casa?
Cuatro cosas, en este orden. Ponga todos los frascos de medicina sobre la mesa de la cocina — también los de antes del hospital y las vitaminas — y compárelos con la lista del alta, porque ahí es donde se esconden las repetidas. Llame al consultorio del médico y saque la cita de seguimiento antes de que se llene la semana. Camine usted el trecho de la cama al baño y despéjelo: el tapete, el cable, el banquito que nadie ve de noche. Y escriba los teléfonos donde hasta un extraño los encuentre: el nuestro, el del médico y el de la farmacia.
¿Cómo evitamos una caída?
Las caídas en casa casi nunca son solo cuestión de equilibrio. Son el viaje al baño a oscuras, las chanclas sin talón, la orilla del tapete, una silla tan baja que cuesta pararse, y la prisa de haber aguantado demasiado para ir. Entonces: una lucecita que quede prendida y el camino iluminado. Que se siente en la orilla de la cama y cuente despacio hasta diez antes de pararse — la presión necesita esos segundos. Zapato cerrado, también adentro de la casa. Y deje el andador del lado por donde de verdad se baja, no del lado que se ve más ordenado.
¿Cuánto se debe mover?
Más seguido de lo que usted cree y menos rato de lo que usted cree. Varias caminatas cortas rinden más que una larga, y sentarse en una silla de verdad a comer le hace más a los pulmones y al apetito que quedarse recostado en la cama. La regla que usan los terapeutas: debe poder hablar en frases cortas mientras se mueve. Si se queda sin aire para hablar, hay que parar, sentarse y avisarnos.
¿Cuál cansancio es normal y cuál no?
Salir agotado del hospital es lo esperado, y mejora de semana a semana — no de un día para otro. Lo que no es normal: que se duerma y se salte las comidas, que hoy no pueda hacer lo que hizo ayer, o que aparezca confusión nueva. Un paso para atrás que dure más de un día merece una llamada, y casi siempre tiene una causa que se encuentra: deshidratación, una infección o un medicamento que está haciendo de más.
Lo que hay que recordar
Las primeras dos semanas se ganan con constancia aburrida: la lista de medicinas, los líquidos, la cita de seguimiento y un camino iluminado al baño.

Corazón, EPOC y diabetes en casa
Saber cuál cambio significa "lo comento el lunes" y cuál significa "llamo ahora mismo".
5 preguntas · 5 min de lectura
Insuficiencia cardíaca: ¿por qué pesarse todas las mañanas?
Porque la pesa ve el líquido regresando días antes que los tobillos o la respiración. Misma pesa, misma hora — al levantarse, después del baño, antes del desayuno y con la misma ropa — y anótelo. Tres libras de un día para otro o cinco en una semana es para llamar, aunque se sienta perfectamente bien. De eso se trata: a esa altura todavía se siente bien, y todavía es fácil de arreglar.
EPOC: ¿cómo distinguimos un mal día de algo peor?
Un mal día mejora con reposo y con el inhalador de rescate. Una crisis no: la falta de aire se queda aunque esté sentado quieto, el inhalador de rescate se usa más seguido de lo normal, la flema cambia de color o se pone espesa, y acostarse plano se vuelve imposible. Dos noches durmiendo sentado para poder respirar es para llamar. Mientras tanto, respirar con los labios fruncidos gana minutos de verdad: entra el aire por la nariz contando hasta dos y sale despacio por los labios contando hasta cuatro.
Diabetes: ¿qué vigilamos en la casa?
Las bajas y los pies. Una baja — tembloroso, sudando frío, de repente irritable o confundido — se trata con unos 15 gramos de azúcar rápida (media taza de jugo, cuatro tabletas de glucosa), se vuelve a medir a los 15 minutos y después se sigue con comida de verdad. Los pies se revisan todos los días: arriba, abajo y entre los dedos, porque una llaguita que no siente es como un problema chiquito termina en el hospital. Y estar enfermo cambia las reglas: cuando alguien con diabetes deja de comer normal, hay que medir más seguido, no menos.
¿Por qué una infección chiquita importa tanto en una persona mayor?
Porque muchas veces se salta la fiebre y aparece como confusión, una caída o una pérdida repentina del apetito. Cuando alguien "no está siendo él mismo" y nadie sabe por qué, una infección es de lo primero que vale la pena descartar — sobre todo la de orina. Es de las razones más comunes por las que una familia nos llama asustada creyendo que es demencia y resulta que era algo que sí se trata.
¿Cómo llevamos el control sin volvernos locos anotando?
Un cuaderno junto al sillón y un renglón al día: el peso, el azúcar o la presión si se están vigilando, y cualquier cosa rara. Nada más. Lo valioso no son los números en sí — es poder contestar "¿desde cuándo empezó?" cuando la enfermera o el médico pregunte. Una familia que dice "desde el martes y cada día peor" recibe una decisión mucho mejor que una que dice "hace ratito".
Lo que hay que recordar
Las enfermedades crónicas castigan las sorpresas y premian la rutina: misma pesa, misma hora, pies revisados a diario y un número escrito de qué es demasiado.
Memoria, demencia y los días difíciles
Maneras prácticas de manejar los días que no salen como dice el manual.
6 preguntas · 5 min de lectura
¿Qué olvido es normal y cuál no?
Olvidar un nombre y acordarse una hora después es edad. Olvidar cómo regresar de la tienda a la que ha manejado treinta años, no. La línea que a las familias les sirve: la edad pierde las llaves, la demencia olvida para qué son las llaves. Y un cambio de memoria que llega en días o semanas, en vez de en años, no es demencia mientras no se demuestre lo contrario — infecciones, deshidratación y medicamentos causan exactamente eso, y todos se componen.
Pregunta lo mismo una y otra vez. ¿Qué le decimos?
Contéstele como si fuera la primera vez, corto, y enseguida cambie lo que está pasando en el cuarto: ponga música, empiece una tarea, cámbiense de silla. Discutirle a la memoria no la devuelve; nada más le agrega la humillación de que lo corrijan. Y cuando la pregunta viene con angustia — "¿a qué hora viene mi mamá?" — la angustia es la pregunta de verdad. Contestarle al sentimiento funciona mejor que contestarle al dato: está seguro, yo estoy aquí, ahorita comemos.
Las tardes son lo peor. ¿Por qué?
Es tan común que tiene nombre: síndrome del atardecer. El cansancio, la luz que se va y todo el esfuerzo del día se juntan, y la tarde se pone agitada. Lo que ayuda no tiene nada de espectacular. Abra las cortinas de día y prenda las lámparas antes de que oscurezca, no después. Mueva a la mañana lo que cuesta trabajo: el baño, la cita, las visitas. Nada de café por la tarde ni siestas largas. Y que la rutina de la noche sea idéntica todos los días, porque una noche predecible es en sí un tratamiento.
¿Cómo hacemos la casa segura sin convertirla en un hospital?
Apunte a las tres cosas que de verdad lastiman: la escalera, la estufa y la puerta de la calle. Buena luz en todos lados, sobre todo en el camino al baño de noche. Barras de apoyo donde se usan, no donde se ven bien. Baje la temperatura del calentador para que la llave no queme. Guarde medicinas y llaves del carro fuera de la vista. Y una campanita o alarma en la puerta de entrada vale más que cualquier cerradura, porque salirse de la casa es el riesgo que peor termina.
¿Cómo hablamos de dejar de manejar?
No en una sola plática y nunca como ultimátum. Meta al médico en el asunto — una recomendación del doctor pesa lo que nunca va a pesar la de una hija. Hable de hechos concretos y no del diagnóstico: el raspón en la defensa, haberse perdido en una ruta conocida, el susto en el semáforo. Y llegue con un plan, no nada más con una pérdida: quién lo lleva a la iglesia, a la tienda, a las citas. Entregar las llaves se siente como entregar el último pedazo de ser adulto, y se lleva mejor cuando alguien le devuelve algo a cambio.
No se deja ayudar. ¿Ahora qué?
Casi siempre el rechazo es por dignidad, no por la tarea. Funciona mejor si le ofrece a escoger dentro de la tarea y no sobre la tarea — "¿se baña antes o después del desayuno?" en vez de "¿se va a bañar?" — y si le dice lo que va a hacer antes de hacerlo. Misma hora, mismo orden, misma persona cuando se pueda. Y si el rechazo es nuevo y repentino, trátelo como un síntoma y llame: el dolor, el estreñimiento y las infecciones aparecen primero como alguien que dejó de cooperar.
Lo que hay que recordar
No le discuta a la memoria. Contéstele al sentimiento, mantenga el día predecible y deje que el médico cargue con los mensajes más duros.

¿Todavía no sabe qué es lo que está viendo?
Descríbaselo a una enfermera. La llamada es gratis, toma unos diez minutos y resuelve casi todo lo que a las familias las deja sin dormir.
Medicamentos, heridas e infecciones
La mayoría de los errores en casa son de horario y de dosis repetida, no de pastilla equivocada. Los dos se evitan.
6 preguntas · 5 min de lectura
¿Cuál es el error más común con las medicinas en la casa?
Repetir. La persona sale del hospital con una receta nueva de algo que ya tomaba con otro nombre, y la marca y el genérico se quedan en la misma repisa tomándose dos veces. La solución no es elegante y sí funciona: meta todos los frascos en una bolsa — vitaminas, suplementos y lo que le dio otro doctor incluidos — y que una enfermera o el farmacéutico revise la bolsa completa contra la lista actual. Hágalo después de cada hospitalización, todas las veces.
¿Cómo armamos un sistema que aguante una semana mala?
Una lista, un lugar, una persona. Un pastillero semanal que se llene el mismo día de cada semana — el domingo funciona — y siempre la misma persona. Una alarma en el teléfono para cada dosis, no un "yo me acuerdo". Una lista escrita en el refrigerador con la medicina, la dosis, para qué es y quién la recetó, y una copia en la cartera para la sala de emergencia. Y si se salta una dosis, no doble la siguiente: anote lo que pasó y pregúntenos a nosotros o al farmacéutico. Doblar es lo que convierte una dosis perdida en una visita al hospital.
¿Qué preguntamos cuando le recetan algo nuevo?
Cinco cosas, y cualquier farmacéutico se las contesta gratis: para qué es, a qué hora se toma, con qué no se puede mezclar, qué efecto secundario amerita llamar, y por cuánto tiempo la va a tomar. Pregunte específicamente por mareo y sueño, porque eso es lo que provoca las caídas. Y pregunte si sustituye a algo que ya está en la lista o si se suma — esa pregunta atrapa casi todas las repeticiones antes de que empiecen.
¿Cómo se ve una herida infectada?
Compárela con ayer, no con una foto de un folleto. Rojo que se extiende más allá de la orilla, calor, hinchazón, dolor nuevo en una herida que ya dolía menos, líquido que se pone espeso o amarillo verdoso, mal olor, o fiebre. Tómele una foto diaria con la misma luz — es la manera más fácil de ver un cambio demasiado lento para notarlo. Cualquiera de esas señales es para llamar el mismo día, y todas son mucho más fáciles de tratar el día que empiezan.
¿Cómo mantenemos las infecciones fuera de la casa?
Lavarse las manos antes y después de cualquier tarea de cuidado le gana a todas las demás precauciones juntas — veinte segundos con jabón, que es más de lo que parece. Además: no compartir rastrillos ni cortaúñas, cepillo de dientes nuevo después de una enfermedad, la bolsa de la sonda siempre por debajo del nivel de la vejiga y nunca en el piso, y las visitas con tos que se esperen una semana. Quien está saliendo de una cirugía o vive con diabetes tiene menos margen que un adulto sano, y el mismo catarro le cae distinto.
Casi no come ni toma agua. ¿Qué tan preocupados debemos estar?
La deshidratación está detrás de una cantidad sorprendente de las caídas, la confusión y la "debilidad repentina" por las que nos llaman, y se va armando calladita en varios días. Vaya por poquito y seguido en vez de un vaso grande de golpe: un vaso siempre al alcance, algo de tomar con cada medicina, y comidas que traen agua — sopa, melón, gelatina, yogur. Vigile la orina oscura, la boca seca o un día sin ir al baño. Y si no retiene líquidos por un día, eso es para llamar el mismo día, no para esperar a ver.
Lo que hay que recordar
Una lista, un pastillero y una sola persona llenándolo — más la revisión de la bolsa de frascos completa después de cada hospitalización.

Cuidar al que cuida
La parte de la que nadie le avisa: lo que esto le cuesta a quien lo hace, y cómo seguir pudiendo.
5 preguntas · 4 min de lectura
¿Es normal sentir resentimiento?
Sí, y le pasa a casi todo el mundo. Cuidar es un trabajo sin hora de salida, por alguien cuyo deterioro usted no puede detener, casi siempre encima de otro trabajo. El resentimiento es como suena el agotamiento desde adentro — no es un veredicto sobre cuánto quiere a esa persona. Lo que sí quiere decir es que el arreglo necesita ayuda: más manos, más sueño o menos tareas. El cuidador que nunca descansa termina por no poder hacer el trabajo del todo.
¿Cómo se ve de verdad el agotamiento del cuidador?
Casi nunca se anuncia. Se ve como dormir mal y despertar cansado, enfermarse más seguido que antes, contestarle feo a la persona que cuida y luego sentirse pésimo, dejar pasar sus propias citas médicas, y perder el interés en todo lo que no sea cuidar. Si una amiga le contara esas cinco cosas, usted le diría que busque ayuda. La regla vale igual para usted.
No nos alcanza para pagar ayuda. ¿Qué hay disponible de verdad?
Más de lo que las familias encuentran solas, y por eso mismo existe el trabajo social médico. En Florida, la Area Agency on Aging de esta región es la puerta de entrada: ahí revisan si califica para programas de relevo, apoyo al cuidador, comidas y transporte. Los veteranos tienen beneficios propios que las familias pasan por alto todo el tiempo. Algunas pólizas de cuidado a largo plazo incluyen horas de relevo que nadie reclamó nunca. Y si ya tiene salud en casa, pida al trabajador social médico — encontrar esos programas es todo su trabajo y a usted no le cuesta nada extra.
Un solo hermano está haciendo todo. ¿Cómo se arregla eso?
Deje de repartir por justicia y empiece a repartir por tarea. El que vive cerca no puede ser el único — pero el que vive a tres estados de distancia sí puede hacerse cargo de los resurtidos de medicina, las llamadas al seguro, agendar las citas y pagar las cuentas, que se hacen por teléfono desde cualquier lado. Y después escríbanlo. Una lista compartida resuelve más pleitos entre hermanos que cualquier plática, porque convierte "tú nunca ayudas" en algo concreto que alguien hizo o no hizo.
¿Cómo tenemos la conversación que nadie quiere tener?
Temprano, en una semana tranquila y en pedacitos. Pregunte qué le importa a él o a ella, no qué tratamiento quiere: cómo es un buen día, qué no querría perder, quién debe hablar por él si él no puede. Eso llega más lejos que cualquier formulario. Después póngalo por escrito — en Florida, la designación de un representante de salud (health care surrogate) y un testamento en vida — y entregue copia al médico, al hospital y a la persona nombrada. Un deseo que nadie escribió no sobrevive a la sala de emergencia.
Lo que hay que recordar
Pida al trabajador social médico, reparta el trabajo por tarea y no por culpa, y trate su propio sueño como parte del plan de cuidado.
Salud en casa, Medicare y cuánto cuesta
Qué es, quién califica, quién la paga y en qué se diferencia del cuidado privado con el que suele confundirse.
6 preguntas · 5 min de lectura
¿Qué es exactamente la salud en casa?
Cuidado médico especializado que se da en la casa bajo el plan de cuidado de un médico: enfermería, terapia física, ocupacional y del habla, asistente de salud en el hogar y trabajo social médico. Es intermitente — visitas de más o menos una hora, varias veces por semana — y va detrás de una meta: cerrar la herida, recuperar la caminata, estabilizar los medicamentos. No es lo mismo que el cuidado privado o de compañía, que se paga por hora, ayuda con la vida diaria y no necesita orden médica.
¿Quién califica?
En general tienen que cumplirse tres cosas al mismo tiempo: que un médico ordene el cuidado, que haya una necesidad especializada — enfermería o terapia, no solo ayuda en la casa — y que la persona se considere confinada al hogar, o sea que salir le cuesta un esfuerzo considerable. Confinado al hogar no quiere decir postrado en cama: hay personas que van a la iglesia, a cortarse el pelo y a diálisis y sí califican. Cada caso se ve por separado, y a usted no le cuesta nada que veamos el suyo.
¿Quién la paga?
Medicare, Medicaid y la mayoría de los planes privados cubren la salud en casa cuando se cumplen los requisitos y el cuidado lo da una agencia aprobada por ese plan. Las reglas cambian de un plan a otro, y la respuesta honesta es que nadie debería adivinar: nosotros verificamos los beneficios y le decimos qué está cubierto antes de la primera visita, para que la conversación del costo pase al principio y no en una factura tres semanas después.
¿Cómo empieza y qué tan rápido?
Empieza con la orden del médico. Usted puede llamarnos primero — la mayoría de las familias lo hace así — y nosotros coordinamos con el consultorio para que la orden quede. Después una enfermera va a la casa a hacer la evaluación de inicio: cada medicamento, los obstáculos de verdad (las escaleras, la regadera, el tapete suelto) y las metas. Las altas de hospital tienen prioridad. Díganos con qué tiempo está trabajando y le decimos con honestidad qué es posible.
¿Qué debemos tener a la mano antes de llamar?
Esto hace la primera llamada mucho más corta: el nombre completo y la fecha de nacimiento del paciente, las tarjetas del seguro, el nombre y teléfono del médico que va a firmar la orden, los papeles del alta si estuvo hospitalizado, y todos los frascos de medicina al alcance de la mano. Si no tiene todo, llame igual — podemos empezar con mucho menos.
¿Qué pasa cuando termina la salud en casa?
La salud en casa se arma alrededor de metas, así que termina cuando las metas se cumplen o cuando ya no hace falta una visita especializada — y eso es un buen resultado, no un abandono. Antes de la última visita usted debería tener cuatro cosas en la mano: el programa de ejercicios en casa por escrito, la lista actualizada de medicamentos, las citas de seguimiento ya sacadas, y una explicación clara de qué vigilar y a quién llamar. Si le viene el alta y no tiene esas cuatro, pídalas.
Lo que hay que recordar
Orden del médico, una necesidad especializada y estar confinado al hogar — y la verificación de beneficios antes de la primera visita, nunca después.

¿No encontró su pregunta?
Mándenosla. Si bastantes familias preguntan lo mismo, se convierte en la próxima lección de la Academia — y de cualquier manera, usted recibe una respuesta.
La Academia es educación general para familias, escrita por nuestro equipo clínico. No es un diagnóstico y no reemplaza las indicaciones que su médico le dio para su caso. Cuando las dos cosas no coincidan, siga a su médico — y llámenos para ayudarle a aclararlo.
Cuidar a alguien no debería ser adivinar.
Pregúntenos lo que sea — cómo mover a alguien sin lastimarlo, qué significa un síntoma, qué programa podría cubrir el costo. Preferimos que llame a que se quede con la duda.
